Si hablamos del contexto en el cual se desarrolla el comercio exterior y los negocios internacionales, nos surge la pregunta, ¿de dónde nace la necesidad de nuestra sociedad de tener departamentos de comercio exterior y de las empresas de hacer negocios internacionales? 

La respuesta parecería simple, ya sea porque compramos insumos para producir lo que fabricamos o vendemos productos a otros mercados que lo necesitan.  Pero, ¿por qué importamos y exportamos? Pues, importamos porque podemos encontrar en otros países productos a mejor precio de lo que los encontramos en Colombia o porque simplemente aquí no los conseguimos, y exportamos porque aquí realizamos cosas tan buenas que también podemos venderlas a buen precio en mercados diferentes al nuestro.  Y para ello necesitamos de personas que conozcan cómo se deben hacer correctamente estos procedimientos y cómo encontrar y cerrar negocios.  Bien pero, ¿y porque podemos comprar y vender a nivel internacional? Pues porque el mundo hoy en día permite a través de la tecnología, las instituciones y el conocimiento cerrar distancias  para que los países se relacionen unos con otros creando una especie de relación de mutuo beneficio entre ellos.  Yo compro, tú vendes, todos ganamos. Los países se encuentran en una matriz global llamada Planeta Tierra, y por ello hablamos que estas interacciones son producto de un fenómeno al que llamamos globalización.

Definición de globalización

Nada más basta realizar una búsqueda en Google para encontrar diversas definiciones sobre lo que es globalización, cada una cierta desde su punto de vista y percepción de su autor.    Pero he aprendido que los conceptos son interesantes y también dan una objetividad al significado verdadero de la palabra.  Globalización como tal significa: la consecuencia (acción y efecto) de convertir algo en mundial o global (relativo al globo terráqueo).   Si lo vemos desde el punto de vista del mercado de intercambio de bienes y servicios, significaría que ese mercado dio un brinco para convertirse, de ser muchos mercados individuales cerrados,  a un único mercado global y abierto a todos. La pregunta es, ¿Cómo llegamos a esto?

De la globalización prehistórica a la globalización contemporánea

A pesar que el concepto como tal empieza a acuñarse iniciando la década de los 80s y se populariza luego de la caída del muro de Berlín y el fin de la guerra fría, la verdad es que el fenómeno comenzó muchísimo antes, incluso podemos decir que es casi inherente al proceso de expansión del ser humano como especie hace 70.000 años cuando comenzaron las primeras migraciones fuera de África (donde nos originamos) y en un espacio de 60.000 años ya habíamos cubierto todos los continentes. 

Al igual que está en nuestra naturaleza el ser sociables,  también lo es la necesidad de intercambiar lo que necesitamos y nos hace falta.  Ya desde entonces, y tenemos evidencias de hace 30.000 años, los seres humanos comenzaron a comercializar entre ellos y relacionarse entre grupos grandes y familias para subsistir.  Mucho antes que apareciera Adam Smith y David Ricardo con la ventaja absoluta y comparativa respectivamente, ya los seres humanos se estaban especializando e intercambiando lo que sabían hacer mejor, entre recoger semillas, recolectar frutas, piedras, minerales, armas, herramientas, pieles o cazar mamuts.  Y para ello era necesario moverse de un lugar a otro en grandes extensiones de tierra, incluso aventurándose a través de aguas oceánicas (como ocurrió por las islas de Indonesia y Australia), creando relaciones de supervivencia que les permitían crecer. Al expandirse, los humanos se encontraban entre grupos, y tarde o temprano era necesario que empezaran a colaborar entre ellos (o evitar ser eliminados).

Esto mismo no es muy diferente de lo que vemos hoy en día.  Los grupos y familias de aquel entonces se han convertido en países y empresas, y ahora intercambiamos insumos, maquinaria, mano de obra, alimentos, bienes y demás objetos que generan valor para que las personas puedan subsistir y calmar sus necesidades y mejorar su nivel de vida.

Tribu de Homo Sapiens en Suráfrica en la Edad de Piedra – Maggie Newman
Tribu de Homo Sapiens en Suráfrica en la Edad de Piedra – Maggie Newman

Perdonamos pero no olvidamos

Lo interesante es que sólo a través del intercambio, el nivel de innovación se desarrolló.  Una tribu de cazadores de mamut de pronto se encontraba con otra tribu que tenía mejores herramientas y se quedaban con su presa al hacerlo “mejor”.  La tribu que se quedó con hambre quedó curiosa y puede que quisiera ofrecer algo que ellos tuvieran de valor a cambio de esa novedad.  Podían intercambiar pacíficamente u organizarse mejor para tomarlo a la fuerza.  Sea cual fuera, la motivación surgió de mejorar sus condiciones de caza.   El tráfico comercial siempre ha sido una herramienta para acceder a nuevos productos y servicios.

En nuestro mundo actual podemos decir que estamos más conectados que nunca gracias a las tecnologías de telecomunicación y la Internet, pero lo cierto es que por más de 10.000 años estuvimos separados y fuimos evolucionando y creando culturas propias como mejor podíamos. Pero fue gracias al intercambio comercial que logramos desarrollar esas tecnologías que nos unieran nuevamente.

Y no siempre nuestro intercambio fue cordial, en muchos casos fue a la fuerza por fenómenos de expansión de imperios, colonias, imposición de religiones, búsqueda de territorios o simple poderío.  Hay mucha historia llena de resentimiento, abuso, traiciones y desconfianza de por medio que hemos venido arrastrando generación tras generación. Y es por ello que por más que la comercialización mundial de bienes y servicios sea un fenómeno tan antiguo como el mismo hombre, su implementación actual conlleve conocimiento de ciertos aspectos para que se den exitosamente dichos intercambios. 

En aquel entonces intercambiar era algo digamos más sencillo: qué tienes, me sirve, no me sirve, hagámoslo.  Y las redes comerciales se basaban en la confianza, un lenguaje algo común, y una necesidad de subsistir, pues éramos pocos creciendo en un vasto mundo lleno de depredadores.  Hoy en día, las redes comerciales globales fluyen a través de complejas estructuras que hemos inventado para poder dar abasto a tantas personas y bocas que alimentar.  Y esto ocurre porque pasamos como especie de escondernos en cavernas, a ser la especie dominante en todo el planeta con una población que está cerca de llegar a los 8 billones de personas.

Conforme nos íbamos volviendo más globales, nos integrábamos más, crecíamos en número,  se expandía nuestro conocimiento del mundo y poco a poco fueron incrementando nuestras necesidades básicas.  Cada cultura ha tenido desarrollos evolutivos distintos de acuerdo a su geografía: Asia es sinónimo de especias, té, seda, telas, tecnología; África tiene materia prima, piedras preciosas, algodón; En Europa pensamos en vehículos, transporte, maquinaria industrial; América frutas y verduras, minerales, café; y en Oceanía productos de origen lácteo y lana.  Conforme las edades históricas fueron pasando y se expandían las interacciones entre continentes, más fue mejorando nuestro estilo de vida y nuestras necesidades pasaron de ser de supervivencia en un mundo prehistórico,  a supervivencia en un mundo social.  Si antes nos contentábamos con una túnica de pieles recién cazada para combatir el frío, hoy tenemos opciones de sacos, chalecos, jumpers, suéteres, chaquetas, buzos y de diferentes estilos, modelos y colores, y solo para nombrar un ejemplo con el mundo de las confecciones, y su escogencia depende en gran medida por lo que el grupo colectivo en una sociedad haya determinado como válido.  Antes no teníamos opciones para satisfacer una necesidad, hoy tenemos infinitas.  Pero la elección es cultural.

Debido a esto, ninguna de las naciones que existe en la Tierra es autárquica o autosuficiente en sí misma para satisfacer a todos sus habitantes.  Todas, sin excepción,  necesitan de la otra para subsistir y cubrir los deseos de sus gentes.  Pero, aunque la economía es global, los países aún continúan con sus propios sistemas políticos, legales, económicos, además de manejar su propia lengua y cultura.  A menos que se crearan unas bases comunes para todos, nos iba a ser muy difícil llevarnos bien.  Vamos entendiendo por qué era necesario establecer estructuras internacionales comunes que hicieran todo esto posible : (i) un sistema financiero que permitiera el flujo  y el intercambio de divisas, (ii) un sistema de comunicaciones que permitiera acortar a cero las distancias geográficas, (iii) un sistema que unificara las naciones y que pudiera ponerse de acuerdo en aspectos de interés común y no particular, (iv) un sistema de comercio que buscara promover el intercambio y abrir las economías en vez de cerrarlas, (v) un sistema de unificación de aduanas que estableciera un lenguaje común de productos a intercambiar.  Esta es nuestra red comercial actual fundamentada en entidades como las Naciones Unidas (UN), el Banco Mundial (WB), el Fondo Monetario Internacional (IMF), la Organización Mundial del comercio (WTO), La organización mundial de aduanas (WCO), entre muchas otras, que permiten que la globalización se materialice desde una idea conceptual, a una realidad.

Pero recordemos, detrás de todo esto siguen estando las naciones y sus pueblos, con sus culturas y sistemas propios establecidos.  Entendemos entonces porqué para realizar intercambios comerciales y vivenciar la globalización es necesario comprender que, por más que haya estructuras, seguimos como en un principio de nuestra historia, negociando entre personas.  Y las relaciones se basan en la confianza.  Por ello, en un entorno de negocios internacionales y quienes participemos de él, es indispensable generar confianza y empatía conociendo de:  

  1. Historia para saber los contextos con los cuales han crecido las generaciones de un país y cómo ha sido su evolución en el tiempo.  La pregunta clave sería: ¿Con quiénes estamos tratando?
  2. Geografía para saber el espacio en el cual se ubican los pueblos, ciudades y su relación con los recursos naturales con los cuales subsisten. La pregunta clave sería: ¿En dónde están localizados? 
  3. Cultura para entender el sistema de conocimiento, valores sociales, ética e idiosincrasia. Algo así como la personalidad de un pueblo.  La pregunta clave sería: ¿Cómo nos comunicamos asertivamente con ellos?
  4. Política para saber navegar las formas de gobierno y de relaciones de poder y organización y políticas de Estado.  La pregunta clave sería: ¿Cómo se organizan para vivir?
  5. Leyes para no ir en contra de las reglas establecidas para la armonía.  La pregunta clave sería: ¿Bajo qué  reglas de juego estamos actuando?
  6. Medio ambiente para trabajar de forma sostenible junto a la naturaleza con los recursos que nos da, que son limitados.  La pregunta clave sería: ¿Cómo se relacionan con la naturaleza?

Estos contextos nos dan una idea macro de cómo debemos negociar con una nación. El mercado globalizado es un mercado nos demanda leer, ser cultos, saber idiomas, y en últimas empatizar para tomar las decisiones correctas y no irla a embarrar.

Pero quizá el rasgo más importante de todos es comprender que en un mundo globalizado ya no nos podemos comportar como un individuo o una nación única.  Los humanos neandertales tenían un cerebro más grande que el nuestro (sapiens) y estaban mejores adaptados a las condiciones del ambiente.  Hacían sus propias herramientas y eran autosuficientes.  Nunca se integraron entre ellos, y el mundo continuó fuera de su burbuja aislada.  Hoy están extintos completamente.   No es mi tarea indicar si la globalización ha sido buena o mala, tiene sus ventajas y desventajas como todo, y eso lo dejo a tu reflexión propia.  Pero eso sí, la historia evolutiva no ha sido amable con aquellos que se aíslan, se priven del intercambio, de la innovación, se quedan atrapados en el tiempo, en su zona de confort.  El precio que se paga es muy alto por permanecer inconsciente ante los devenires globales. Tarde o temprano compartirán el mismo destino de los parientes neandertales. Por el simple hecho de compartir este planeta, cualquier acción que emprendamos así sea a nivel individual, terminará afectando a todos por igual.  Y como podemos evidenciarlo recientemente, la pandemia del Covid-19 nos ha demostrado que el tamaño no importa. 

«el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo»

(proverbio chino)

Nadie sabe a ciencia cierta qué significa la cueva de las manos en la Patagonia. Una sola mano podría pasar desapercibida, la obra de arte de un hombre prehistórico.  Pero fueron muchas manos las que quedaron plasmadas en dicha cueva.  Me gustaría pensar que es una forma de expresar que lo colectivo perdura la inclemencia del tiempo y enaltece la unión de grupo, pero solo comprendiendo y aceptando  nuestro actuar y valor individual.